Después de cuarenta días de encierro voluntario, salió a comerse otra vida.
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El antropólogo después de bailar y beber como camello, se sentó a observar cómo la fiesta terminaba a golpes.
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Nunca se supo quién mató a la señora de la esquina, un día de verano la encontraron tendida, muerta, con muestras de asfixia, pero sin moretones o síntomas de paro respiratorio, según los peritos la causa había sido externa y premeditada, un homicidio, a un año de investigación no han identificado la causa del ahogo, ni encontraron sospechosos ni móvil.
Era una señora como otras tantas dedicadas a mantener su tienda con vida, lo que nunca se le ocurrió a la vieja es que la tienda después de 30 años ya se había cansado de mantenerla.
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Con su mejor maquillaje se pintó la boca, la nariz, las mejillas todo tendría que estar perfecto, salió a tiempo para el espectáculo, fue un buen día pues logró reunir la cuota de 300 pesos que le exige su padre diariamente.
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